Era un mal sueño levantarse, comprobar que seguía aquello sobre sí, salir al exterior cada día, frotarse los ojos incrédulo y observar un desfile de árboles y plantas diversos sustituyendo el cabello de la gente, que transitaba impasible, sin advertirlo. Por qué a él, tan formal, trabajador, ejemplar padre de familia, abstemio y deportista, tenía que ocurrirle trastorno semejante.
Al principio sí, todas esas palmaditas y sonrisas comprensivas al firmar las recetas, y tómese un descanso, unas ...
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