El silencio era profundo en todo el pueblo, y se hizo más espeso en el Castillo, cuando el sol ya se había puesto, dejándolo oscuro y lúgubre. Se había vuelto gris y triste; ya nunca dejaría de serlo.
Dentro de él las personas se movían con lentitud, arrastrando los pies. Una joven, Numa, se destacaba sobre los demás por su paso decidido. Atravesó el salón principal y caminó por los pasillos haciendo retumbar sus pasos. Ascendió por la escalera de una de las torres y no se detuvo hasta llegar...
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