CON EL PASO DEL TIEMPO…
Lentamente dejó el libro sobre la mesilla, se quitó las lentes y apagó la luz. Al verlo, ella hizo lo mismo, solo que antes de apagar la lamparilla, se puso crema en las manos, frotándose suavemente una con otra.
Con la luz apagada y en silencio, ambos se dieron la espalda. ¿Cuántos años ya que no me besa antes de dormirnos? ¿Cuántos que no me desea buenas noches? –pensó ella-
Más de dos semanas sin… ¿Estará cansada? ¿ Me dirá que no si me acerco? –pensó el-
Lentamente se dio la vuelta, y con suavidad le acarició el brazo.
¿Estas dormida?
No, no estoy dormida. ¿Qué quieres?
Nada, solo que tengo frío, acércate un poquito.
Después de un rato, ella continuó con sus tristes pensamientos. ¿Cómo añoraba tiempos pasados?. Como añoraba cuando cada noche el le decía: cógeme, sino, no puedo dormirme. Entonces ella lo cogía por la cintura y se acoplaba a su espalda, a sus piernas, como si los dos fueran uno, dejando descansar su mano en el vientre de el. Siempre repetía lo mismo: si quieres… puedes bajar la mano! Ambos se reían. Se reían felices, llenos de complicidad. Nunca faltaba un beso, un mimo…
Pensó que la vida era un engaño, un duro y cruel engaño. Y un profundo suspiro se le escapó.
¿Te ocurre algo? –pregunto el-
Nada, no me ocurre nada. Solo que me da un poco de pena que… que solo me llames cuando tienes frío. –contestó ella-
