Asesino, en la cara te lo digo

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Asesino, en la cara te lo digo

Notapor Katia el 05 Oct 2008, 11:03

"Asesino, en la cara te lo digo" ("Ele", Sergio Contreras)

Ya estaba harta de él: de sus golpes, de sus insultos, de sus vejaciones... Quién le hubiera dicho lo que le esperaba cuando se coló por él. Estaba cansada de inventarse inopinadas caídas en la bañera o en cualquier otro lugar de la casa. El odio la estaba poseyendo. Y a diferencia del amor (bueno, quién creía ya en el amor, en los albores del siglo XXI... Dicen que eso fue un pasatiempo ideado por Corín Tellado con muchas adeptas en el siglo pasado), la inquina era como una fuente de la que el agua no paraba de brotar incesantemente. No tenía fin: aunque sí tuvo un principio.

Ava se apuntó a unas prácticas de tiro. Era lo bueno del país de las barras y estrellas: para tener una pistola sólo necesitabas dinero para comprarla. El primer tiro se le quedó grabado a fuego en su cabeza, así cómo la sensación de írsele el cuerpo hacia detrás. Sus ojos eran puro carbón húmedo.

La vida le parecía un completo cero. El intento de suicidio sólo sirvió para que la familia la tomara por loca. ¡Oh la familia! Un padre, médico de prestigio adinerado además de pederasta y acosador en sus ratos libres. Una madre en permanente depresión. No pensó que quitarse la vida fuera tan difícil y arriesgado, porque eso sí, no estaba dispuesta a quitarse de en medio sufriendo.

Siempre le tuvo miedo a la sangre: desde adolescente. En una clase se pincharon en un dedo con una aguja para determinar el grupo sanguíneo. Ella no fue capaz, y se desvaneció.

Desde niña aguantaba la realidad a duras penas. Cuando se sentía algo inquieta por lo que fuera se tomaba además de un tranquilizante por vía oral, un buen relajante muscular. ¡Qué dulce era la sensación de estar evadida!.

Cuando le conoció, ella era una chica virgen y cándida. El roce de su mano por debajo del escote la enloqueció. "Sus besos de vampiro" en su cuello también. Y ahora... Ahora no soportaba su presencia. Al principio pensó que ella tenía la culpa: incluso le pedía perdón cuando entendía que "no se había portado bien", como una niña desvalida.

Al caer en la depresión reactiva exógena tuvo que ponerse en tratamiento psiquiátrico ("¡Maldita sea!" -pensó- "Es ese hijo de puta el que debería ir al médico y no yo"). Tardó un año en recobrar parte (que no toda) de su perdida autoestima. Se tiñó el pelo de rubio oxigenado, lo que contrastaba con sus cabellos y ojos, ambos azabache. Se miraba al espejo y se delectaba en su fría apariencia. Y todo por cambiar el color del cabello. ¡Curioso!

La gente no la ayudó en nada. Él tenía el encanto de las serpientes y como seductor nato que era, se ganaba el favor de todas las mujeres. En su cabeza flotaba insistentemente una sola palabra: "Putas...".

No la creían. En el juicio el Juez le atribuyó a él la custodia de la niña por la enfermedad suya. La Fiscal dijo que se autolesionaba... ¿Estaban todos comprados, acaso?

Ya nada le importaba. Ni la escoria humana, ni nada de este mundo absurdo y cruel. Eso sí: estaba decidida a no dejarse poner encima una sola mano de él. Y ni corta ni perezosa cogió su flamante revólver (el arma tenía una belleza hipnótica, extraña... Eso sí, seguía dándole fobia la sangre: río de vida que ella trocaría en manantial de muerte...) y con sus débiles y quebradizos cabellos teñidos y una expresión vacía en el rostro se encaminó a casa... Casa... Nunca lo fue

¡Pum!

Y giró el rostro, pero algunas gotas rojas le salpicaron.

Fue una alumna muy aplicada en las clases de disparo (desde siempre, desde pequeña: la primera de la clase en todo). Ahora sí que había hecho justicia, pensó; sonriendo por vez primera en años. A ver quién era ahora más poderoso: ella o él. Había ganado al final la guerra.

Escupió el cadáver a la vez que excamó: "¡Asesino!".

La más muerta de los dos era ella...
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Re: Asesino, en la cara te lo digo

Notapor Echedey Chemida el 07 Oct 2008, 19:59

interesante conclusión, hay guerras que las pierde el que gana. Sólo un eror... una persona que está deprimida y con la autoestima por los suelos nunca pensaría que el que tiene que ir al médico es la otra. De resto, impecable.
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