Ya son las 7 y algunos minutos de la mañana, y aún no me he levantado. Mis amigas Carla y Estela están a punto de llegar, pero la verdad es que no tengo ningún interés por ir al instituto. Todas las clases (bueno, menos literatura), me resultan aburridas, especialmente la de la señorita Vannowen. Esa solterona, cursi y despistada, que todos los días nos habla de su horripilante sobrino William. La única cosa que me encanta hacer es escribir, lo hago desde pequeña, y siempre he deseado convertirm...
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